miércoles, 19 de septiembre de 2018

La Familia

Mi hermano también vino a verme.
Llegó sin avisar, el día de su cumpleaños. Me dio gusto verlo. No recuerdo hacía cuanto tiempo había estado aquí. Lo vi más robusto (no le quise decir gordo) y a pesar de que acababa de regresar de un viaje a Europa venía de buen ánimo.
Su abrazo me reconfortó. Es mi BB (Baby Brother) y yo soy su BB (Big Brother). En su viaje por Europa había visitado Italia llevando las peticiones de mi familia por mi salud.

Devoto del Padre Pio y de Francisco de Asís me aseguro que estaba confiado en que ellos escucharían nuestras plegarias.

Esa noche le prepararon la cama que está junto a la mía.
Mi hermano ronca como locomotora y en circunstancias normales ni lo hubiera escuchado pero como estaba en la madrugada me despertaron sus ronquidos. Prendí la televisión para ver si con el ruido despertaba o por lo menos dejaba de roncar, pero nada. Subí el volumen al máximo y todavía nada.
Apagué la televisión y le chisté. Eso fue suficiente.
-         Qué pasó?
-         Nada, es que estás roncando mucho
Y sin más agarró su almohada y se fue al otro cuarto.
Al día siguiente nos reíamos del episodio.

Mientras tanto los resultados de los análisis seguían llegando.
Había dado positivo a un parásito, el blastocystis hominis, que era el que me estaba provocando la diarrea y otro resultado daba anemia. Los de expectoración para detectar tuberculosis habían dado negativo, así como el de neumonía. La medicación en esos días estaba enfocada completamente a combatir el parásito y la anemia que se había presentado. Tenía un arsenal de vitaminas y proteínas que Carmen se aseguraba de dosificar de la manera indicada.

A los análisis anteriores se agregaron dos nuevos: carga viral y cd4
El día que acudí a la toma de muestras casi no me podía mantener de pie. Carmen me acompañó ese día y a mi ya deteriorado aspecto tuvimos que agregar un cubre bocas y un bastón.
Recuerdo la imagen de mi hermana, haciendo fila entre la gente, buscando un asiento libre donde yo me pudiera sentar
Cual sería mi aspecto que cuando estábamos en la fila una mujer al verme nos dijo que entráramos directamente a la toma de muestras.
De regreso a casa lo único que quería era recostarme en la cama.
Salir era un suplicio. Me dolían las piernas y la espalda. No podía estar mucho tiempo sentado. Hasta bañarme me resultaba doloroso. La piel estaba tan sensible que el agua parecía golpearme. Evitaba mirarme en el espejo; no me reconocía.

Por las noches daba gracias a Dios por mis hermanas, por mis papás y por el resto de la familia porque mientras siguiera vivo había esperanza. Me iba a dormir sin miedo, confiando en que todo estaba en manos de Dios y que él haría lo que fuera mejor para mi.

Como cosa curiosa, en esos días mi celular dejó de funcionar. No le di importancia, ya me ocuparía de eso más adelante. Solo le pedí a mi hermano que avisara en el chat de la familia que estaba enfermo.

Mis primos empezaron a preguntar por mí. Algunos llamaban por teléfono para saber y mandarme buenas vibras, haciéndome saber que todos los días pedían por mi pronta recuperación. Yo recibía esos mensajes con el corazón lleno de esperanza y también daba gracias a Dios por ellos.

Fuera de ellos y mis compañeros de trabajo, nadie sabía por lo que estábamos pasando. La espera seguiría. Se acercaba mi cumpleaños pero no pensaba en eso. Cada mañana, al despertar, lo único que le pedía a Dios era que si era su voluntad, viviera un día más

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