lunes, 3 de septiembre de 2018

El fallo positivo


El fallo positivo anunció
Que el virus que navega en el amor
Avanza soltando velas
Aplastando las defensas por tus venas.
Me prohibiste toda pasión
Sin dar ninguna clase de razón
Porque sabías que yo no haría
Caso alguno de la precaución

Este párrafo es parte de la letra de una canción de Mecano, uno de mis grupos musicales favoritos, que me gustó desde la primera vez que la escuché, pero que en enero de este año cobró un significado totalmente inesperado en mi vida.

Por ser este el primer post de los muchos que quiero escribir tendría que aclarar el título de este blog, pero antes quiero poner las cosas en contexto.

Agosto de 2017
Había estado con un malestar general que al principio tomé como una fuerte gripe. Recurriendo a los antigripales de siempre a los dos o tres días no vi ninguna mejoría y empecé a pensar que el malestar se debía a algo más, influenza tal vez, incluso dengue, ya que tengo el antecedente de haberlo padecido hace dos años.
Cambié los antigripales por solo paracetamol pero tres días después el malestar continuaba. Esto ya no me está gustando, pensé.
Recurrí a un amigo médico y después de explicarle lo que venia sintiendo en la última semana me recomendó que me hiciera análisis para salmonella.
Cuando fui por el resultado me sorprendió ver que había salido negativo. Todos los síntomas (fiebre, diarrea, cólicos abdominales y dolor de cabeza) coincidían. Que podría ser entonces?
Unos días después sentí un fuerte dolor en el lado derecho del abdomen. En el transcurso del día ese dolor se fue intensificando al grado de no poder hacer inspiraciones profundas. Alarmado por esto decidí ir a consultar al día siguiente.

En el consultorio lo siguiente que hizo el doctor después de las preguntas de rigor para el expediente médico me indicó que me subiera a la báscula.
- Cuánto pesas? Me preguntó.
Contesté que la última vez que me había pesado pesaba 71 o 72 kilos.
- Pesas 66, me dijo un poco sorprendido, no lo habías notado?
De la báscula pasé a la mesa de exploración y ahí, al momento de tocar la zona del hígado, di un salto.
Sin atreverse a dar ningún diagnostico aún, me pidió que fuera a otro consultorio en el mismo edificio para un ultrasonido.
Por suerte no había gente así que me pasaron de inmediato. Con el resultado en mano fui nuevamente con el doctor. Abrió el sobre con los resultados en donde decía que el hígado estaba inflamado, con algo de grasa, pero que la vesícula y los conductos biliares estaban normales.
Me pidió que dejara de tomar paracetamol y ordenó análisis para los reactivos de alguno de los tres tipos de hepatitis, pero al no presentar amarillamiento ni en la piel ni en los ojos, el pronóstico era reservado.
Los análisis arrojaron resultados negativos para los tres tipos de hepatitis conocidos (A, B y C) por lo que el diagnóstico en ese momento fue que se trataba de una hepatitis atípica y sin más me mandó a reposar por otros treinta días.
Al final de esos treinta días fui nuevamente a hacerme análisis de química sanguínea y función hepática. Algunas de las encimas habían bajado acercándose a los niveles normales pero aun seguían altos, así que me recetó treinta días más de reposo absoluto.

Después de este segundo periodo de reposo los análisis arrojaron niveles normales de todas las encimas producidas por el hígado así que el médico indicó que podía regresar a trabajar.

Los meses siguientes transcurrieron con la rutina normal hasta el 31 de diciembre.
Ese día en la mañana mi padre recibió una llamada de uno de sus hermanos avisándole que otro de sus hermanos había fallecido.
Me pidió que lo acompañara, a lo cual accedí y de inmediato me puse a preparar el viaje (boletos de avión, renta de carro, hotel, etc.) Y ese mismo día salimos rumbo al sepelio que sería en nuestro pueblo natal.
Todo transcurrió sin novedad, con el estrés y angustia propios de cuando se va un ser querido y al día siguiente, después de que sepultaron a mi tío, regresamos a Toluca para dormir ahí y volar de regreso a casa al día siguiente.
Esa noche noté un cansancio que rayaba en el agotamiento pero lo atribuí al torrente de emociones que había estado experimentando desde que nos dieron la triste noticia.

En los días que siguieron, al agotamiento que sentía se agregó nuevamente un malestar general, aunado a que había notado que la ropa que usaba todos los días me quedaba grande, Debo haber perdido mas peso, pensé.
Decidí no regresar con el médico que me había estado viendo (es médico internista) y preguntando por un especialista en hígado me recomendaron un gastroenterólogo, Dr. Roger Rangel.

Fui a mi primera consulta el martes nueve de enero, 2018
Nuevamente fue pasar por el interrogatorio para abrir el expediente, exploración física, etc y el Roger (como después llamábamos al doctor mis hermanas y yo) me pidió nuevos análisis de sangre, de orina, funcionamiento hepático, etc, pero esta vez incluyó uno nuevo: VIH

No había pensado en esa posibilidad, pero haciendo acopio de todo mi optimismo me dije que seguramente el resultado sería negativo.
El día que fui al laboratorio por los resultados me di cuenta que algo había salido mal. Me llamaron a un privado aparte para entregarme el resultado de vih. Mis peores temores se habían confirmado.

Le llevé los resultados al doctor que al ver el resultado, trató de tranquilizarme diciendo que esa prueba no era definitiva, por lo que ordenó una prueba confirmatoria, la Western Blot. Esta prueba, además de cara, tardaría un par de semanas en saber el resultado.

Fueron días de incertidumbre. Iba a trabajar en automático y no podía sacarme de la cabeza la canción de Mecano. Y cuando finalmente estuvo el resultado, éste confirmaba lo que había arrojado el primero: positivo para vih.
El Roger me dijo algo que había escuchado en algún reportaje sobre vih: Hoy en día casi nadie se muere de eso. Lo peor que puede pasar es que tenga que estar tomando medicamentos de por vida. En la actualidad vivir con vih es como vivir con diabetes.

Ahora estaba ante mi un gran dilema.
Tendría que decirle a mi familia? Me guardaba el resultado solo para mi? Y que tal si por algo me tenían que internar en algún hospital y se enteraban por terceras personas? Después de mucho pensarlo y por sugerencia de mi médico se lo diría a mi familia. A mis hermanas primero, después a mis padres.

Era jueves y mis papás se habían ido a su jugada de dominó. Estábamos en la cocina mis hermanas, Aida e Irasema, y yo, Sin mas preámbulos les solté la noticia: Ya se lo que tengo... es vih
La reacción de ellas fue como yo había imaginado. Caras de sorpresa, de incredulidad y finalmente el llanto. No alcanzaban a entender en su totalidad el alcance se semejante revelación. Una de mis hermanas, después de reponerse un poco de la sorpresa, me preguntó si pensaba decirle a mis papás. Si bien no quería darles una noticia como esa, estaba decidido a enterarlos de todo.

Mi otra hermana, Carmen, que vive en otra ciudad, sugirió que mis papás no se enteraran todavía. Yo siempre he sido de la idea de que noticias como estas no se deben de ocultar a la familia, así que se los dije a mis papás de la misma manera y en el mismo lugar que a mis hermanas.

Nuevamente caras de sorpresa, de incredulidad, de dolor, mucho dolor. Mi madre, con las lágrimas corriendo por sus mejillas solo atinó a preguntar: Cómo?
Es un virus que se contagia por tener relaciones sin protección, fue mi respuesta.

Mi padre, hombre de pocas palabras, dijo: Bueno, vamos a salir de esto. No vamos a escatimar en gastos ni en lo que sea necesario para superarlo. Me demostraba así su compromiso para ayudarme a recuperar la salud. Sus palabras me dieron un alivio inesperado. Mi médico tenía razón, el apoyo de la familia iba a ser parte esencial en mi recuperación.
Las semanas siguientes fueron las mas difíciles de toda mi vida, pero esa parte la voy a dejar para otra post.

Me quedo con lo que aprendí a fuego a raíz de todo esto: La única forma de superar un diagnóstico como este es vivir Un día a la vez!

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